Yurena y el mito de la caverna
Todo comenzó de repente, casi al mismo tiempo que tomo la decisión de escribir estas notas surgidas al socaire de una preocupación, de un sentimiento de angustia que de pronto me inundó por completo.
Me hallaba inmerso en la lectura del conocido "mito de la caverna" de Platón. Mientras repasaba algunas lecturas sobre la teoría platónica de las Ideas, en concreto sobre los diversos tipos de conocimiento y la concepción del conocimiento como recuerdo, mi mente da un salto vertiginoso hacia una "especial" destinataria de mis explicaciones de nombre Yurena. Lo que convierte en especial a Yurena es que padece una ceguera parcial: sólo es capaz de distinguir "sombras" y "reflejos" de las cosas, aunque puede leer, si el tamaño de la letra es bastante mayor del que solemos encontrar en los libros. Sin embargo, como es lógico, es el Brayle el lenguaje de signos del que se vale principalmente para acceder a textos escritos.
Normalmente como profesor tengo la costumbre de intentar traducir a un lenguaje próximo los contenidos de una materia como la filosofía, que muchas veces resultan excesivamente abstractos e ininteligibles. Lo que me impulsó saltar desde las ideas platónicas hasta la aparición del rostro de Yurena en mi mente no fue otra cosa que el pensar como alguien como ella, con sus dificultades de visión podía recibir eso de que hay que abandonar el "mundo de los sentidos", de las "imágenes" y la "sombras" para adentrarse en el terreno de "lo inteligible". Para expresarlo en pocas palabras como explicar a alguien que vive sumido permanentemente entre sombras, en ausencia de la luz, eso de que el conocimiento es precisamente "luz", no una luz que emana de uno mismo sino una "luz que se recibe" (léase el papel que juega el Sol en la alegoría de la caverna, la luz gracias a la cual podemos ver las cosas).
He leído muchas veces el texto del mito de la caverna con alumnos con quienes es fácil hacer referencia al "mundo visible" y al "mundo inteligible". Lo que se hace verdaderamente difícil ahora es como "traducir" el mito de la caverna y en general las ideas de Platon respecto a la realidad y al conocimiento tan cargadas de metáforas visuales a alguien privado del sentido de la visión.
¿Puede ser Platón entendido de verdad por Yurena? ¿Necesito traducir las metáforas visuales que aparecen el Platón o en Aristóteles por otras metáforas, llamémoslas sensoriales (táctiles, auditivas, por ejemplo?
De acuerdo con la gnoseología platónica, la opinión (doxa) que engloba tanto la "imaginación" (eikasía) como la "creencia" (pistis) constituye un grado de conocimiento ínfimo, o dicho de otro modo, no es posible en el terreno de la opinión hablar propiamente de conocimiento. Respecto a la "imaginación" (eikasía) no hay una referencia necesaria a la "producción de imágenes" en si, sino más bien a nuestra capacidad de establecer "conjeturas" (como cuando decimos que "me imagino que pueda haber vida en otros planetas si aquí la hay" o cuando decimos "me imagino que alguien hizo el mundo"). En lo que respecta a la "creencia" (pistis) ésta consiste más bien en el "crédito" que damos a lo que nos ofrecen los sentidos. Los prisioneros de la caverna "creían" que las sombras proyectadas en la pared eran lo real, y que las voces que oían procedían de las propias sombras (como cuando estamos en el cine y "creemos" que las voces surgen de las imágenes de la pantalla). En este caso si que la "metáfora visual" es una referencia fundamental. ¿Es posible traducir esta metáfora por otras? Está claro que el "conocimiento sensible" no sólo hace referencia al sentido de la vista, aunque este sea el sentido privilegiado en nuestra cultura.[i]
La "creencia" se hace extensible a lo que "oímos", a lo que "se dice", es decir, a toda aquella información que aceptamos sin más. Precisamente, lo que hace falta para adentrarse en el terreno de la filosofía es establecer una "distancia" o "ruptura" con toda esa información que nos llega desde fuera y a la que solemos darle "crédito" de inmediato. De aquí la identificación que establece Platón entre Filosofía y Libertad: el hombre dueño de si mismo necesita conquistarse, es decir, necesita buscarle un lugar dentro de si mismo a todo cuanto le rodea. Ortega lo expresó de una forma precisa: sólo a través del "ensimismamiento" logramos ser dueños de nosotros mismos y así evitar ser meros receptores de lo que mandan las circunstancias, vivir desde lo otro (alteración) y no desde mí mismo.
Hay pues una "ceguera" más grave que la visual: es precisamente la de dar crédito sin más a todo aquello que nos llega del exterior, es decir, la ceguera de quien no es capaz de ver por sí mismo (léase pensar por sí mismo) y deja que sean otros los que "piensen" por él [ii]. De este modo creo que Yurena si que va a entender a Platón. Así lo espero.
[i] El elemento griego que atraviesa la cultura occidental hace del sentido de la vista, de la imagen lo primordial. De aquí la importancia de la "observación" en el desarrollo científico característico de nuestra cultura. Por contraposición, en la cultura judía es el "oído" el sentido primordial. De ahí la importancia de la "escucha" y de la "palabra". Levinás es un filósofo judío que ha puesto de relieve la idea de un nuevo punto de partida para la filosofía alternativo a la tradición griega. Ver Alonso Morales, J., La irrupción del otro. Introducción al pensamiento de Levinás, CET Las Palmas, 1985.
[ii] No puedo dejar de recordar ese fantástico y provocador lema en el que Inmanuel Kant resumía el significado de la Ilustración: SAPERE AUDE! (¡ATRÉVETE A PENSAR!).
2 comentarios
Nena -
Felicidades por esta oportunidad que enriquece el buen pensar, el buen hablar y el buen hacer.. como el vino.
pedro -